ἰώ,
A ti Señor del Amanecer y Maestro del Fuego, Oriens; a ti Señor del Mediodía y Maestro de las Profundidades Telúricas, Amaymon; a ti Señor del Crepúsculo y Maestro de Todos los Vientos, Paymon; a ti Señor de la Medianoche y Maestro de las Corrientes Abisales, Aegyn:
ASTRACHIOS ✠ ASAC ✠ ASACRA ✠ SILAT ✠ ARABONAS ✠ ADONAI ✠ ELOHIM ✠ BAEL ✠ SCIRLIN
Oh Gran Diosa entronizada en las encrucijadas del mundo,
tú que ves sobre los Cielos y el Abismo,
tú que sostienes las llaves de todo el Universo:
concede tu gracia a lo que aquí yace.
PANTOUS KOSMOU KLEIDOUKOS AZOSTOS TRIKEPHALOS PANGENETEIRA
Hermes Chthonios, Mensajero de las Almas, condúcenos a través del velo. Hades, Señor del Inframundo, concédenos tu sabiduría oscura.
A todos los muertos que sostienen estos huesos, a quienes abrieron el camino, todo esto les pertenece a ustedes.
Por todos ustedes ahora estamos aquí, aprendiendo el arte demoníaco de ir más allá de una forma fija, somos quienes habitan los intersticios, quienes tenemos la mirada en el fuego del Este, con las raíces en las profundidades del Sur, a quienes nos sostienen las aguas del Norte, quienes dialogamos con los Vientos del Oeste para destruir los sortilegios del Imperio, somos el tremor en el cuerpo al cantarle una oda a los Misterios de la Noche, somos las palpitaciones aceleradas de quien entra en contacto con lo que le sobrepasa, somos aquellas que ven a la Titanesa a los ojos hasta quedar pulverizadas, somos atavismos que viajan desde las capas más antiguas del lenguaje, incluso antes de que tomáramos la tinta y la piedra, somos quienes se sustraen, porque la sustracción forma parte del ataque.
Encarnamos lo indócil, caminando cómodamente al filo de la rebeldía, impulsados por la búsqueda de prácticas limpias y experiencias de primera mano. Permitimos que las puertas de los templos se cierren detrás de nosotros mientras salimos hacia lo salvaje.
Somos la piedra caída del altar, nunca comprometiendo nuestra libertad por comodidades ni el pensamiento crítico por la cohesión social, la validación o el reconocimiento. Mientras otros aspiran a un ascenso gnóstico o la iluminación, nosotros buscamos ser uno con los habitantes del cielo y la tierra.
Donde otros aspiran a lo etéreo, abrazamos todo lo creado como divino, hasta lo que se considera mórbido, putrefacto y tenebroso.
Somos los goês, no aceptamos ningún tipo de jerarquías de poder humano, ni nos adherimos a reglas morales fabricadas por humanos.
Somos los goês, nos tomamos el tiempo para ir más allá del tiempo, para hacerle un altar a la red micelial y neuronal que sostiene todo lo que existe, para reconocernos total y eternamente implicados con todos los seres vivientes y no vivientes que existen con nosotros.
Somos los goês, canales de fuerzas antiguas, reconocedores de otras inteligencias terrestres, estableciendo vínculos familiares con éstas.
