à trop réclamer les vers

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Quizás el cuándo ha sido la condena, posiblemente han faltado cómos y porqués.

¿Esclava del tiempo y sus expectativas?

¿Es ésta una de las razones por las cuales el otro lado es tan reconfortante?

¿Podré algún día verme sin el filtro de moneda de cambio? ¿Podrá algún día dejar de desgarrarme la consciencia de mi posición y contradicciones?

¿Lograremos conocer y reconstruir el sentir?

¿Puedo genuinamente confiar en mis entrañas, siendo éstas moldeadas por la peste?

¿Hay alguna coherencia en proclamarme sin dios y sin amo cuando me atraviezan todas éstas anclas?

Cada vez hay menos qué decir pero mis ganas de gritar me desbordan con el pasar de los días. Por momentos cuesta respirar.

No quiero ser moneda de cambio.
No quiero ser moneda de cambio.
No quiero ser moneda de cambio. 
Mi cuerpo no es moneda de cambio.
Mi cuerpo no es tu descanso.

La rabia que crece dentro de cada una de nosotras se volcará y todo arderá en llamas, no habrá vuelta atrás. Y será por todas, por todas las que fueron, por todas las que pudieron ser y no fueron, por todas las que nos faltan y sentimos latir en el pecho.

Nuestra canción de cuna se vuelve pues, el sonido crujiente de las ascuas del capital y sus verdugos, escupimos sus cenizas. 

En vísperas de luna llena desangramos la memoria. El fulgor del dolor nos vuelve caminantes de la noche, combativas, exhaustas, hartas, seguiremos caminando hasta tomar el verdugo por el cuello.

La horda está cerca.



Escrito un marzo extraño de 2021.

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