Cerro de Oro

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a veces me pregunto qué estará haciendo el viento. Si simplemente existe. ¿Qué propósito tendrá su roce con las hojas y las ramas del aguacatal? ¿Cuál será el diálogo entre él y el verde blancuzco del eucalipto?

quizá ese diálogo cambie de textura y de seriedad según la inclinación de los rayos del sol

no es lo mismo una hoja la que recibe de lleno el sol del mediodía que aquella que espera pacientemente el susurro del viento bajo la sombra espesa de las ramas, la luz modifica el peso de las hojas, el aire encuentra otras superficies y el árbol entero responde con otra cadencia

a veces me pregunto qué ocurre cuando el viento toca el agua ¿qué aprende de la piedra después de rozarla?

a veces me pregunto hacia dónde va cuando corre con prisa hacia el oeste ¿existirá para él siquiera un lugar al que regresar?

El viento no tiene un centro. Sin principio ni fin. Cambia de forma con cada relieve, con cada árbol, con cada humedal en el cielo. Bien sabrá él sus estrategias aéreas.

hay algo en el sonido del viento que me reconstituye, quizá sea cierta resonancia con mi propia naturaleza acuariana. Su sonido se siente como un arrullo íntimo, el único capaz de apaciguar los torrentes abisales que cargo por dentro

mientras el viento sigue rozando el agua y la piedra, recuerdo que quizá nunca estuvo hablándome. Hay conversaciones que llevan siglos ocurriendo y quizá vale la pena sentarse a contemplar


escrito en hora marcial, en un día venusiano contemplativo, en temporada canceriana del 2026

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