Carta a los Hechiceros (Aquí También Hay Estrellas)

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Queridos amigos y aliados,

¿Saben lo que son las artes oscuras para mí? Belleza venenosa flotando en suspenso sobre el abismo. El despertar de una identidad más profunda. Un campo relacional complejo hecho de terror y redención a la vez. Un rugido de poder elemental en su estado más crudo. La luz de la oscuridad misma.

Permítanme empezar por el principio. Había una vez una oscuridad ctónica desde la cual emergió una señal impura y un glifo, un signo del devenir futuro. El origen de nuestro arte yace profundamente oculto en las cuevas del Paleolítico. Las personas entraban en zonas de oscuridad total para obtener visiones e intuiciones de una realidad alterna que luego proyectaban sobre las paredes y techos de las cuevas como si fueran imágenes en movimiento. La zona de invisibilidad al fondo de esos pasajes subterráneos servía como entrada al otro mundo y como un umbral de transformación.

La luz negra que resplandece en el núcleo de la naturaleza no ha perdido nada de su poder y aún es capaz de ponernos en contacto con nuestras raíces y con la realidad del fuego devorador del tiempo. Sin embargo, pocos parecen sentir hoy el anhelo por un arte que apunta hacia los reinos ctónicos, que en sus profundidades insondables siempre se funden con dimensiones cósmicas. El arte contemporáneo ha perdido su conexión con el universo y mis más de treinta años de experiencia en el mundo del arte me han enseñado que la voluntad de restaurarla es vista como extrañamente fuera de lugar por quienes se dedican hoy al sector cultural. No esquivemos lo evidente: el arte hecho con propósitos distintos a ser exhibido y coleccionado difícilmente es bienvenido por un sistema que forma parte de la cultura capitalista de las masas. Las galerías no pueden vender luz negra, y los museos tienen poco uso para artistas que invocan fuerzas místicas y oscuras a sus cubos blancos y pulcros. Impulsadas por la ilusión del espacio neutro, las galerías y los museos han construido una visión del mundo entera alrededor de la luz y todo lo que esta representa.

Nada es más necesario en tiempos de saturación lumínica e informativa que un arte que sea oculto en el sentido etimológico original de la palabra. Lo oculto nos señala hacia aquello que no puede ser fácilmente consumido ni digerido. Nosotros los hechiceros no estamos impulsados por la búsqueda de la visibilidad como fin último. Tampoco nos importa cuán alto figuramos en las listas de artistas populares ni cuán bien conectadas estamos a las redes globales. Lo que nos mueve es la experiencia intensa y física de la vida misma. Las artes oscuras son la expresión de una filosofía de la alteridad, una política de la herejía y una metafísica de la revuelta que apunta a transformar nuestro ser en el mundo.

Queridos amigos y aliados, permítanme preguntarles: ¿Qué significan la luz y la oscuridad en una sociedad donde toda la información es accesible y conocida? ¿Cómo desarrollar formas secretas de intervención en un mundo que ha perdido el sigilo del secreto? Lo que está en juego es la construcción de una fuerza que actúe fuera de la vigilancia sistémica. Las artes oscuras implican tácticas de resistencia y revuelta, pero su mayor fortaleza reside en su capacidad de ocultarse. La visibilidad siempre está ligada al soberano, pero quienes llevan las riendas nunca tienen el control total. Nuestra tarea es encontrar métodos y caminos que no sean ni predecibles ni controlables. Descendamos a los rincones oscuros de la tierra que aún no han sido completamente tomados por el capitalismo. La revolución comienza aquí, en el mundo de las sombras. Las artes oscuras eluden la racionalidad y la razón, por eso quienes ostentan el poder no pueden apropiárselas fácilmente. Cuando logramos alinear nuestra conciencia despierta con nuestros sueños más profundos, se convierte en un impulso contagioso de transformación.

Las artes oscuras operan en el borde donde lo existente termina y lo nuevo comienza. La evolución es misteriosa y sin límites fijos. Al exponernos voluntariamente a lo exterior, permitimos que emerjan nuevas posibilidades de participación y simbiosis. Ampliemos nuestros horizontes y enfoquémonos en lo que está emergiendo. Solo asimilando lo que nos extraña podemos evolucionar. Nuestra asociación con la otredad no es descabellada. Lo que solemos definir como exterior ya está presente adentro. Participamos en redes complejas donde nuestras partes humanas se intersectan con las corrientes de la tierra. Somos seres vivos hechos de materiales geológicos como calcio, hierro y fósforo. Nuestro esqueleto es mineral. Nuestro sistema inmune depende de gusanos parásitos para funcionar correctamente y hay más bacterias en nuestros cuerpos que componentes humanos. Solo la flora de nuestro sistema intestinal consiste en cien billones de microorganismos. ¿De quién es este cuerpo, entonces?

La dominación humana sobre planeta se toma por sentada hoy, pero la tierra nunca ha sido nuestra ni lo será. Necesitamos liberarnos de la ilusión del control total y exponernos a las realidades planetarias en las que participamos. Las señales del cambio están por todas partes, pero no sabemos si estamos siendo testigos del colapso del mundo tal como lo conocemos o del comienzo de algo completamente nuevo. Los cambios fundamentales siempre vienen acompañados del miedo a lo desconocido. La metamorfosis que atravesamos es un proceso que fractura la identidad, pero nuestra civilización ilustrada no nos enseña cómo enfrentar crisis transformacionales extremas. En una cultura obsesionada con la luz y la claridad, hemos olvidado cómo relacionarnos con fuerzas demasiado oscuras para ser explicadas con rapidez.

Las artes oscuras nos ofrecen maneras de encontrarnos con lo desconocido y procesarlo. Para usarlas con eficacia, deberíamos buscar tanto las fórmulas arcaicas como las más evolucionadas para relacionarnos con el Otro. La manera en la que percibimos el mundo ha cambiado drásticamente con el tiempo, pero existe una continuidad entre nuestros mitos más antiguos y nuestras teorías evolutivas más recientes. Lo que subyace tanto a nuestras hechicerías más abismales como a nuestras filosofías más recientes sobre el devenir es la interacción aterradora y en última instancia liberadora entre sujetos humanos y no humanos. La manera en que las teorías del posthumanismo describen las corrientes mutacionales contemporáneas recuerda con frecuencia a la fusión del hechicero con el -Otro- demoníaco. Ambos sistemas de pensamiento se esfuerzan por cambiar nuestra perspectiva y permitirnos participar en procesos complejos de retroalimentación. Nuestro futuro dependerá de cuán bien logremos mediar las relaciones de poder entre todo tipo de actores planetarios, incluidas nosotras mismas.

Dondequiera que miremos hoy, vemos cinismo y desesperanza. Las personas que estudian el cerebro señalan que el peor aspecto de la depresión es que estrecha el campo de visión de tal manera que no vemos salida alguna a nuestra condición presente. Si logramos cambiar la manera en que miramos el mundo, quizás nos demos cuenta de que nuevas posibilidades están emergiendo de las cenizas del Imperio. La tarea que nos aguarda es encontrar nuestro equivalente de las prácticas que ayudaron a nuestros ancestros a enfrentar las amenazas masivas al final de la última Era de Hielo. Necesitamos reclamar el arte y la sabiduría que emergieron del vientre de la cueva, pero para sobrevivir la violencia de nuestros tiempos, debemos vivir nuestras visiones aquí mismo, en el presente. Las artes oscuras no son algo del pasado, encarnan técnicas atemporales para renovar el mundo a través de la experiencia visionaria. Lo que necesitamos es una nueva forma de percepción que nos permita ver el mundo a través de los ojos del Otro.

Enfoquémonos en el impacto a largo plazo de nuestro trabajo. Desechemos la noción capitalista y efímera de «proyecto» que domina la cultura contemporánea y establezcamos objetivos para toda una vida. Algunos objetivos tardan décadas, incluso siglos en alcanzarse. Sumerjámonos en lo elemental para encontrarnos con las corrientes del abismo parpadeante. Su luz negra abre una puerta hacia la inmensidad de la que emergimos y a la que regresaremos. Nuestra tarea hechicera es convertirnos en algo más, algo más allá de lo humano, transformarnos en el flujo del cambio mismo. Nuestra estructura física y mental presente no condiciona nuestro futuro alien. En última instancia, la otredad radical de la Oscuridad Radiante nos enseña el arte demoníaco de vivir más allá del borde de una forma fija. Su paradoja sublime abole la distinción entre el ser y el no ser y nos conduce hacia el vacío del que toda existencia surge. Que lo que no ha nacido aún despierte en nosotras, invisible.

1 de enero de 2017

Gast Bouschet en Anarch



Traducido del inglés al español por huelgahumana circa 2025-2026.

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