La Purga

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El hartazgo ingenuo y necio de lo (in)tangible, 
el intento futil de estar al margen de los dispositivos de la peste,
de la(s) máquina(s), del odio y del virus institucionalizado, generalizado, ese que procura la muerte del espíritu y el sufrimiento de todos los cuerpos sintientes desde tiempos inmemorables. 

Estamos hartxs, creemos que deseamos quemarlo todo y al abrir realmente los ojos nos damos cuenta que estamos atadas, nosotrxs mismxs hemos atado los nudos. desconfiá del deseo

¿Estamos realmente posicionades «más allá del bien y el mal», o en camino hacia ese “sitio”, si es que existe?¿Lograremos quemar el panóptico allá afuera? ¿Qué pasará con el que nos ha infestado por dentro? ¿cómo quemar a los dispositivos del Yo? El virus somos nosotras, nos corroe las raíces, se ahogan.

El suplicio nos sigue atravesando los cuerpos. ¿Qué queda después de ésto? ¿Realmente importa? ¿Qué nos detiene de correr a morir a la intemperie y regresar a la tierra, la tierra arrebatada, violada y machucada? Maldigo el deseo inconciente de seguir siendo machucadas. 

El aislamiento, el anonimato y el silencio procurado como estrategias autorreflexivas, la primera línea de defensa contra la peste y sus secuaces. La trinchera sanadora pero cruel, donde la luz toca las entrañas y quema, el dolor dulce de entender(se). 
Donde La Náusea se reivindica como rechazo al virus, rechazo al Yo, rechazo a la humanidad, donde La Náusea se vuelve bandera. 

Éstos tiempos de autoreflexión son difusos, habitando los no-lugares. Por momentos me invade la ilusión/deseo de tener mucha claridad, y por momentos no veo nada más que el piso derrumbándose ante nuestros ojos, la disociación como soga al cuello, siento las piernas temblar y La Náusea de pronto se pone máscara de verdugo. Mis pies piden sentir otras texturas, trepar otros árboles, dialogar con otros pájaros, mi nariz anhela otros olores.

El sonido de la lluvia y el dulce olor a tierra mojada trae consigo una nostalgia palpable. Llevamos otro encierro por dentro, lo he advertido.  Llevo meses sin llorar y a veces se me olvida lo que eso implica. 

Me pregunto de qué sirve tanto análisis y debate teórico, tanta investigación vacía que se queda en el gabinete, parece una pérdida de tiempo, como todo(s) lo(s) demás. Mercado de identidades en éste mar virtual, cómo nos vendemos al mejor postor.  No me interesa ningún “movimiento”, me interesa hacer y deshacer. No me interesan los nombres, no me interesa ser alguien, me interesa hacer y deshacer. No me interesa que me conozcan, me interesa potenciar mi cuerpo. No me pregunten quién soy, no soy nadie. 

Somos lxs nadies, lxs dueñxs de nada, y solo queremos que las manos toquen la tierra, que el sol acaricie la piel,  oler la tempestad en silencio contemplativo sin que nadie ni nada nos toque a la puerta. ¿Y a nosotrxs qué nos importan sus discursos, sus competencias, sus rigideces y ríos estancados y secos? No nos interesan sus discursos reterritorializantes de una moralidad que lleva siglos aniquilando la vida a su paso. No nos interesa un lenguaje que no pueda ser re-configurado, no nos interesan las formalidades, ni las identidades,  nosotrxs queremos jugar y bailar, sembrar, invocar, respirar y contar las estrellas hasta que nos alcance la Muerte. 

¿Existirá algún lugar que no esté roto? ¿Existirá algún no-lugar donde desde las grietas podremos florecer?  


Escrito una noche fría de abril de dosmilveinte.

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